He pensado a veces que es mejor morirse voluntariamente, que esperar a que la violencia pueda convertirnos en víctimas. Dejarse apagar como el piano cuando se levantan las manos de sus teclas, como una vela que se apaga a si misma dejando inflar una gran gota de esperma en el pabilo.
Lo fácil del suicidio es renunciar a continuar, lo difícil es el intento de pensar solamente en uno.
A todas las víctimas en Colombia a causa de la violencia, como mi cuñado Luis Osorio (año 2001), o uno de los más recientes, Juan Guillermo Gómez Ospina (#JuanGGomez), asesinado este fin de semana cuando le robaban un celular (ver noticia).
Lo fácil del suicidio es renunciar a continuar, lo difícil es el intento de pensar solamente en uno.
Es fácil renunciar porque la vida es de uno, y uno sabe hasta dónde es capaz de aguantarse la temporada de caza sin balas, ni ganas de matar; los trofeos parecen llegarle a cazadores hábiles, o a los que se atribuyen triunfos ajenos. Pero, más fácil resulta renunciar, al sentir que somos blanco de la persecución, a falta de animales por cazar.
A veces uno quiere parar de pensar, porque el estrés que causa la temporada de caza es agotador, atenuante de sensibilidad y franqueza. Herir a otros cazadores se convierte en una estrategia amplia de movimientos para sobrevivir y supervivir, consecuencia del 'deber ser', que propone la mediocre masa humana, esa misma que decide no cambiar la forma cómo funcionan las cosas.
Es difícil dejarse morir cuando se sabe que aún nos quedan municiones, cuando las balas te las prestan otros, y cuando nos percatamos de lo cercano que está el objetivo.
Pero no deseamos morir voluntariamente cuando estimamos la posibilidad de movilizar al mundo, abrirle los ojos, para que caiga en la cuenta de que, la meta misma debe ser parar de cazar, soltando las armas para comenzar una temporada distinta, con una meta colectiva que nos permita construir y reconstruírnos.
Entonces, deja uno que las manos toquen el piano, aún cuando la estrategia sea esperar, o rompemos la gota en el pabilo, para que siga encendida la llama que nos hace continuar. Los cambios superficiales no impactan tanto como el fondo de la realidad; de cualquier manera, la estrategia no es esa que nos han enseñado.
A todas las víctimas en Colombia a causa de la violencia, como mi cuñado Luis Osorio (año 2001), o uno de los más recientes, Juan Guillermo Gómez Ospina (#JuanGGomez), asesinado este fin de semana cuando le robaban un celular (ver noticia).
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