Nadie necesita juguetes más que alimento, podemos pensar. Nadie quisiera leer por encima de beber algo, quizás. Pero no estamos lejos de enterarnos que jugar y leer, nutren como el rocío a un jardín.
Casi no notamos sus efectos, pero si notamos las sonrisas de los pequeños al sentir estimulada su creatividad e imaginando mundos compartidos con quienes fuimos niños como ellos.
Por medio de la fundación Concha de Coco, de la que hago parte junto a mis amigos de siempre, y muchos nuevos, este año volveremos a regalar felicidad a un centro dedicado al cuidado de menores de 12 años estos materiales. El nombre de este centro está por definirse y puedes postular uno que conozcas en Cartagena, Turbaco o Arjona, en Bolívar.
Esperamos que te unas a esta sencilla labor, que cada diciembre nos reúne para la emotiva entrega previa a la Navidad.
Hay varias formas de ayudar:
Donando juguetes
Donando ropita deportiva
Donando libros para niños
Kits escolares (cuadernos, colores, morralitos, nacho lee, etc)
O con tiempo para juego, una actividad lúdica, una lectura, o cualquier dinámica que nos acerque a una realidad y los lleve a recordar siempre, que estamos con ellos.
Más información sobre la campaña y la fundación, en http://cartagenna.wordpress.com
Hasta ayer, el término 'bostico' tenía un significado difuso, como el humo del cigarrillo. Ahora, le reconozco como un verbo conjugado en primera persona, que me gusta y que aparece en el diccionario como bosticar: decir o manifestar con palabras. Mi excusa de escribir por escribir, me facilitará construir mejores frases que las que puedo decir bosticando.
martes, 4 de diciembre de 2012
martes, 16 de octubre de 2012
Que nos mientan no es peor que verles mentirse
Una vez hayas desnudado la esencia de un amigo, por encima de lo que quiera mostrarte que es, pareciese vital escoger si quedarnos o movernos.
La imperfección es la verdadera esencia, por tanto, esperar perfección en los demás, desequilibra el entorno y nos pone a juzgar, mal interpretar y, en consecuencia, a dañar nuestras relaciones humanas.
Al darnos cuenta de que el error de esa persona es producto de su bajo autocontrol, y poco conocimiento de sí mismo, debemos actuar y demostrar inconformismo, antes de que continúe con la pretensión de convencernos de algo que ya confirmamos que es falso.
Dejamos de creer en las personas cuando verificamos que nos trata de mentir y le descubrimos, pero cuando se miente a si mismo, repitiéndose una mentira mil veces para que se convierta en verdad, se torna en algo patológico digno de estudiar.
La imperfección es la verdadera esencia, por tanto, esperar perfección en los demás, desequilibra el entorno y nos pone a juzgar, mal interpretar y, en consecuencia, a dañar nuestras relaciones humanas.
Al darnos cuenta de que el error de esa persona es producto de su bajo autocontrol, y poco conocimiento de sí mismo, debemos actuar y demostrar inconformismo, antes de que continúe con la pretensión de convencernos de algo que ya confirmamos que es falso.
Dejamos de creer en las personas cuando verificamos que nos trata de mentir y le descubrimos, pero cuando se miente a si mismo, repitiéndose una mentira mil veces para que se convierta en verdad, se torna en algo patológico digno de estudiar.
domingo, 14 de octubre de 2012
Lo irrelevante
Me duró bastante esta semana y pude constatar lo irrelevante que sigue siendo el tratar de mantener a las personas satisfechas. No es que lo haya intentado con ahínco, pues lo único distinto que hice -- para compararlo con la semana inmediatamente anterior, fue resistirme a responder a los estímulos, pausándome en el diálogo, como debe hacer una persona medianamente cuerda; pero si creo que los demás siguen siendo incomprensibles, no por mi desconocimiento del cómo funcionan sus pensamientos, sino porque identifiqué mi intolerancia a sus cerebros unificados por la misma red de cosas verdaderamente irrelevantes, que jamás les acercará a estar satisfechos con el mundo compartido.
Esto apenas comienza. Es un juego bien complicado y prefiero jugar, que juzgar disfrazado de árbitro.
Esto apenas comienza. Es un juego bien complicado y prefiero jugar, que juzgar disfrazado de árbitro.
domingo, 19 de agosto de 2012
El último día
Los domingos tienen el ego muy alto. Desde temprano, el sol calienta más fuerte que los demás días del calendario semanal.
Nos dice, con el transcurrir rápido de sus horas, que debemos reorganizar ideas y evaluar lo que hemos hecho en la semana.
Pero nos inventamos los días feriados, para darle tiempo a nuestro albedrío y pedirle paciencia, que no hemos agotado con su afán.
Nos dice, con el transcurrir rápido de sus horas, que debemos reorganizar ideas y evaluar lo que hemos hecho en la semana.
Pero nos inventamos los días feriados, para darle tiempo a nuestro albedrío y pedirle paciencia, que no hemos agotado con su afán.
lunes, 18 de junio de 2012
Acabemos esta temporada de caza
"Parece que en Colombia estuviéramos condenados a pena de indignación perpetua" Felix de Bedout @fdbedout
He pensado a veces que es mejor morirse voluntariamente, que esperar a que la violencia pueda convertirnos en víctimas. Dejarse apagar como el piano cuando se levantan las manos de sus teclas, como una vela que se apaga a si misma dejando inflar una gran gota de esperma en el pabilo.
Lo fácil del suicidio es renunciar a continuar, lo difícil es el intento de pensar solamente en uno.
A todas las víctimas en Colombia a causa de la violencia, como mi cuñado Luis Osorio (año 2001), o uno de los más recientes, Juan Guillermo Gómez Ospina (#JuanGGomez), asesinado este fin de semana cuando le robaban un celular (ver noticia).
Lo fácil del suicidio es renunciar a continuar, lo difícil es el intento de pensar solamente en uno.
Es fácil renunciar porque la vida es de uno, y uno sabe hasta dónde es capaz de aguantarse la temporada de caza sin balas, ni ganas de matar; los trofeos parecen llegarle a cazadores hábiles, o a los que se atribuyen triunfos ajenos. Pero, más fácil resulta renunciar, al sentir que somos blanco de la persecución, a falta de animales por cazar.
A veces uno quiere parar de pensar, porque el estrés que causa la temporada de caza es agotador, atenuante de sensibilidad y franqueza. Herir a otros cazadores se convierte en una estrategia amplia de movimientos para sobrevivir y supervivir, consecuencia del 'deber ser', que propone la mediocre masa humana, esa misma que decide no cambiar la forma cómo funcionan las cosas.
Es difícil dejarse morir cuando se sabe que aún nos quedan municiones, cuando las balas te las prestan otros, y cuando nos percatamos de lo cercano que está el objetivo.
Pero no deseamos morir voluntariamente cuando estimamos la posibilidad de movilizar al mundo, abrirle los ojos, para que caiga en la cuenta de que, la meta misma debe ser parar de cazar, soltando las armas para comenzar una temporada distinta, con una meta colectiva que nos permita construir y reconstruírnos.
Entonces, deja uno que las manos toquen el piano, aún cuando la estrategia sea esperar, o rompemos la gota en el pabilo, para que siga encendida la llama que nos hace continuar. Los cambios superficiales no impactan tanto como el fondo de la realidad; de cualquier manera, la estrategia no es esa que nos han enseñado.
A todas las víctimas en Colombia a causa de la violencia, como mi cuñado Luis Osorio (año 2001), o uno de los más recientes, Juan Guillermo Gómez Ospina (#JuanGGomez), asesinado este fin de semana cuando le robaban un celular (ver noticia).
lunes, 11 de junio de 2012
Somos paisaje
Mis días se acaban cada vez más rápido y comencé a notarlo
en aquel vuelo de regreso. Pude ver a través de la ventana, a las nubes deformándose en el aire, tapando todo
lo visible en tierra: árboles, montañas, ríos y abismos; esas nubes de un
blanco irreproducible por una fotografía, con sus razones de estar ahí, despertaron la inquietud de mi rol como eslabón en la cadena de mi reciente
acontecer.
Pensaba únicamente en mí, como probablemente hizo cada miembro de la tripulación. Recordé mis recientes fugas y abandonos de la vida de otras personas que solían ver grandes cosas en mí y que habían dejado de apreciarlas, como yo en ellas.
Pensaba únicamente en mí, como probablemente hizo cada miembro de la tripulación. Recordé mis recientes fugas y abandonos de la vida de otras personas que solían ver grandes cosas en mí y que habían dejado de apreciarlas, como yo en ellas.
Pero desde la ventana también vi las copas de los árboles, curvaturas de montañas, los reflejos de los ríos
y abismos que componen el paisaje, sin razones aparentes. Concluí que somos paisaje de momentos y ciclos que cambian, comienzan desde ceros y que borran lo que estaba ahí antes. Que los movimientos y des-hielos hacen nuestra forma, y que cada elemento cuenta y tuvo sus razones de estar ahí.
Identifiqué la necesidad de que mi memoria selectiva empezara a actuar para permitirme un vuelo más tranquilo en medio de tanto silencio en la cabina del avión. Debía encontrar la razón para continuar sin temores a seguir perdiéndome entre extraños, cuando ya prefería no perderme entre los conocidos.
Identifiqué la necesidad de que mi memoria selectiva empezara a actuar para permitirme un vuelo más tranquilo en medio de tanto silencio en la cabina del avión. Debía encontrar la razón para continuar sin temores a seguir perdiéndome entre extraños, cuando ya prefería no perderme entre los conocidos.
lunes, 4 de junio de 2012
La sábila o la daga
La vida es un completo desastre—ojalá
logre explicarla eventualmente desde un ángulo distinto—y me hipnotizo
contemplando cómo los demás perciben al mundo, o cómo me perciben a mí. ¿Quién
escucha ese silbido en el aire que retorna a mi cabeza como un eco agudo y
sostenido en el tiempo?; ¿alguien aprecia las tonalidades del color con esta
misma óptica?; ¿considerarán, como yo, que la lluvia es el fenómeno natural más
impredecible?.
Disfrutaría más la vida, siendo un hidratado mazo de sábila que, tras un corte vertical exuda su pulpa: frágil, pero fuente de vida para las vidas ajenas. "Debo enajenarme", pienso, para
volver a mí. Es el comienzo de un plan que desembocará, si bien resulta, en
el cambio de mi mundo cercano.
Lograr el cambio en otros, para barrer el suelo
que ensuciamos entre todos, me empuñará la llave de la puerta que abre la ventana
al colosal paisaje del ‘valió la pena’.
Me guía una fuerza natural que
nos habita en el plano de la euforia silenciosa, colmando cada grieta de
desesperación por no vernos reflejados en las verdades absolutas que nos
enseñaron siendo niños: hay que buscarle una respuesta a todo y, callarla, si
es sobre uno mismo.
Entonces, comienzo a ver los
trazos que conforman la figura de un hombre parecido a su padre en juventud, especialmente
idéntico en privarse del deseo de atesorar lo inservible. Soy yo, y me escucho,
y me observo y me analizo, por fuera de mis propias conveniencias, martillando
y astillando la frágil coraza de nácar que recubre a la vida. Abro el corte de la sábila con una daga que afilé con cuidado.
Mis introspecciones vuelven
tras cada golpe, con mayor fuerza, justo cuando pienso que tengo las verdades
absolutas sobre los demás, y me dibujo a mí mismo en el error. Ya pocos escuchan, observan y analizan por fuera de sus propias conveniencias. Es mejor—en ocasiones—percibirse
a uno mismo como si fuéramos extraños. Saber más sobre los otros, lo que hace
es darnos una daga que ha penetrado a otra daga.
domingo, 27 de mayo de 2012
La fallida metodología por bloques tendrá una nueva oportunidad
Imposible dejar que finalice mayo, sin cumplir el compromiso personal de montar un blog para ejercitar mi voz escrita. Anularé toda previsión de satisfacer a los demás, a sabiendas de que ahora, nadie lee cosas fuera de su agrado, y que evitarán el dolor de continuar leyendo, cuando no les guste algo que diga.
Hasta ayer, el término 'bostico' tenía un significado difuso, como el humo del cigarrillo. Ahora, le reconozco como un verbo conjugado en primera persona, que me gusta y que aparece en el diccionario como bosticar: decir o manifestar con palabras. Mi excusa de escribir por escribir, me facilitará construir mejores frases que las que puedo decir bosticando.
Este blog se titula "La momentánea opacidad de una mente con recuerdos", evocando a una película de Michel Gondry que sólo me he visto por partes, y que así--por partes--me ha gustado, sin sembrar en mí la admiración suficiente, como para verla de principio a fin. Así transcurren todos los capítulos de lo que me pasa; por partes, puedo armar un puente con ladrillos hasta nuevas orillas (momentos o personas) y que, probablemente, no lleve a un terreno sólido y definido.
Tras una búsqueda infructuosa de mejores prácticas para concretar mi reto adolescente de escribir y publicar un libro antes de los treinta, me convencí de intentarlo por bloques, por ser la metodología que más conozco, aunque no me haya funcionado para algo: cuando comenzaba a escribir un cuento, quedaban las hojas y párrafos sueltos, guardados en una carpeta sin coherencia, ni fin, como las escenas de la película que no he terminado de ver, ni entender del todo. Esa particular herramienta que buscaba, me la ofrece un blog, que a diferencia de un diario o bitácora, no necesariamente tendrá la periodicidad o esa usual descripción de sucesos personales que ciertos 'voyeurs' quisieran encontrar aquí.
El paradigma de encontrar sentido a todo lo que se cuenta, me enfrenta al problema de las piezas desarticuladas; después les hablaré de otro problema: los recuerdos que se quedan y que ya no están invitados a la fiesta narrable, que es la vida.
Es probable que algún día vea por completo "El eterno resplandor de una mente sin recuerdos" (Eternal Sunshine of the Spotless Mind), y puede que no llegue a la culminación de una historia articulada en este blog. Aún así, debo afirmar que "La momentánea opacidad de una mente con recuerdos", tiene un reto más interior que el de un escritor frustrado.
Hasta ayer, el término 'bostico' tenía un significado difuso, como el humo del cigarrillo. Ahora, le reconozco como un verbo conjugado en primera persona, que me gusta y que aparece en el diccionario como bosticar: decir o manifestar con palabras. Mi excusa de escribir por escribir, me facilitará construir mejores frases que las que puedo decir bosticando.
Este blog se titula "La momentánea opacidad de una mente con recuerdos", evocando a una película de Michel Gondry que sólo me he visto por partes, y que así--por partes--me ha gustado, sin sembrar en mí la admiración suficiente, como para verla de principio a fin. Así transcurren todos los capítulos de lo que me pasa; por partes, puedo armar un puente con ladrillos hasta nuevas orillas (momentos o personas) y que, probablemente, no lleve a un terreno sólido y definido.
Tras una búsqueda infructuosa de mejores prácticas para concretar mi reto adolescente de escribir y publicar un libro antes de los treinta, me convencí de intentarlo por bloques, por ser la metodología que más conozco, aunque no me haya funcionado para algo: cuando comenzaba a escribir un cuento, quedaban las hojas y párrafos sueltos, guardados en una carpeta sin coherencia, ni fin, como las escenas de la película que no he terminado de ver, ni entender del todo. Esa particular herramienta que buscaba, me la ofrece un blog, que a diferencia de un diario o bitácora, no necesariamente tendrá la periodicidad o esa usual descripción de sucesos personales que ciertos 'voyeurs' quisieran encontrar aquí.
El paradigma de encontrar sentido a todo lo que se cuenta, me enfrenta al problema de las piezas desarticuladas; después les hablaré de otro problema: los recuerdos que se quedan y que ya no están invitados a la fiesta narrable, que es la vida.
Es probable que algún día vea por completo "El eterno resplandor de una mente sin recuerdos" (Eternal Sunshine of the Spotless Mind), y puede que no llegue a la culminación de una historia articulada en este blog. Aún así, debo afirmar que "La momentánea opacidad de una mente con recuerdos", tiene un reto más interior que el de un escritor frustrado.
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