La vida es un completo desastre—ojalá
logre explicarla eventualmente desde un ángulo distinto—y me hipnotizo
contemplando cómo los demás perciben al mundo, o cómo me perciben a mí. ¿Quién
escucha ese silbido en el aire que retorna a mi cabeza como un eco agudo y
sostenido en el tiempo?; ¿alguien aprecia las tonalidades del color con esta
misma óptica?; ¿considerarán, como yo, que la lluvia es el fenómeno natural más
impredecible?.
Disfrutaría más la vida, siendo un hidratado mazo de sábila que, tras un corte vertical exuda su pulpa: frágil, pero fuente de vida para las vidas ajenas. "Debo enajenarme", pienso, para
volver a mí. Es el comienzo de un plan que desembocará, si bien resulta, en
el cambio de mi mundo cercano.
Lograr el cambio en otros, para barrer el suelo
que ensuciamos entre todos, me empuñará la llave de la puerta que abre la ventana
al colosal paisaje del ‘valió la pena’.
Me guía una fuerza natural que
nos habita en el plano de la euforia silenciosa, colmando cada grieta de
desesperación por no vernos reflejados en las verdades absolutas que nos
enseñaron siendo niños: hay que buscarle una respuesta a todo y, callarla, si
es sobre uno mismo.
Entonces, comienzo a ver los
trazos que conforman la figura de un hombre parecido a su padre en juventud, especialmente
idéntico en privarse del deseo de atesorar lo inservible. Soy yo, y me escucho,
y me observo y me analizo, por fuera de mis propias conveniencias, martillando
y astillando la frágil coraza de nácar que recubre a la vida. Abro el corte de la sábila con una daga que afilé con cuidado.
Mis introspecciones vuelven
tras cada golpe, con mayor fuerza, justo cuando pienso que tengo las verdades
absolutas sobre los demás, y me dibujo a mí mismo en el error. Ya pocos escuchan, observan y analizan por fuera de sus propias conveniencias. Es mejor—en ocasiones—percibirse
a uno mismo como si fuéramos extraños. Saber más sobre los otros, lo que hace
es darnos una daga que ha penetrado a otra daga.
..Hola por predilección o simple casualidad encontré en este nuevo dios del mundo moderno (google) tus palabras, flotando inconsistentes en mi mente, y las disfrute. seguramente porque encontré algo de mi en ellas, depronto pudo ser la desesperada necesidad de ser en el mundo de reconocernos en otros, para evitar o sentir más a fondo la agónica soledad. y con respecto a eso ultimo que señalas recuerdo haber leído algo sobre Carl Jung, el dijo que todos y todas los seres humanos usamos mascaras, en ocasiones esas mascaras se vuelven sibilinas para nuestros propios ojos, pero lo importante no es dejar de usarlas, sino nunca dejar que esas mascaras disocien nuestro verdadero yo.
ResponderEliminarnunca dejes de sentir, nunca dejes de escribir.
Muchas gracias por tu comentario, es muy importante para animarme a seguir escribiendo; vuelve a leer próximamente.
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